martes, julio 26, 2005

¿El más grande? Lavoe vs. de Leon

La última visita de mi buen amigo Murdok a Lima trajo consigo una conversación muy amena sobre nuestras preferencias salserísticas. Murdok me había avisado que venía por un mes a quedarse, que no haría nada en especial y que estaría libre para conversar cualquier cosa. Había venido preparado para la contienda: discos, libros, separatas, pentagramas en clave de sol, las primeras versiones de las letras de Hector Lavoe, Oscar de León, Frankie Ruiz, grabaciones inéditas de la Reina Rumba, una antología de la salsa colombiana, especialmente seleccionada por los mismos que mataron a Escobar despues del mundial '94... en fin. Lamentablemente, mis examenes finales jugaron en contra de la amistad, por lo que nuestra conversación -que se pudo dar- fue la única, la primera y la última en todo el mes que estuvo acá.
Ese día Murdok estuvo con Benjamin Quark. Se pasaron todo el día en los jardines de la universidad buscando el mejor ángulo de 'mowgli', la foto que llevará 1922, libro de cuentos que se presenta en unos días. Terminada su sesión echamos una conversa que reanudaba, como si hubiera permanecido congelada, una conversación varios meses atrás que concluyó con la promesa de fuentes y argumentos para muchas de las ideas que venía sosteniendo.
Así que Murdok reanudó la batalla. Primero cerró el parnaso salserístico, trajo ladrill0 y cemento, y con la velocidad de Tyson para el ad-hominem se mandó con una muralla que separaba a los grandes, y algunos de los grandes, de los más grandes de todos. Así se trazó un concenso veloz que sobre todo se restringió a los gustos particulares de cada quién, aunque también a ciertos criterios sobre ¿qué es lo mejor? y sus derivados. De todo ello quedaron solamente dos sobrevivientes: Hector y Oscar.
Allí fué que mUrdoK sacó el espíritu del salsin' aprendido en tierras lejanas. Tras mencionarme algunos temas y la participación bastante directa que el contrabajista y compositor había logrado desarrollar en todos los grupos que integró en su trayectoria, de la fina oreja que desarrollaría para armonizar la ejecución de los vientos y las letras de sus canciones, guiadas por su fina ejecución del contrabajo, emparentada con la percusión y ocasionales usos de teclado, descubrimos que su punto debil no era musical, sino que más bién iba por el lado de sus letras, habilmente encaletadas en el virtuosismo sonoro de sus músicos y orquesta. Las letras, subordinadas a un sonido y ritmo predominantes en la estructura de las canciones, suelen integrarse a la sonoridad de las canciones, de modoque esa es su funcipón primordial, apegada más al entretenimiento del público por medio de una experiencia vital universal.
Ello se puede apreciar claramente desde sus primeros discos -y no precisamente como un razgo sintomático del periodo inicial de su carrera- hasta los más recientes, en que si bien el intimismo testimonial se ha mudado en algunas canciones hacia otras cosas, su construcción del otro sigue conservando sus rasgos más importantes: exclusivamente intimista y personalizante, donde importa el otro en la medida que permite satisfacer las necesidades individuales. Y aunque ese no es un razgo que lo distinga en cuanto a letras de Hector Lavoe, se trata más bien uno de los aspectos más influyentes e la salsa contemporánea hecha en centroamérica, ya que ninguna concepción cultural es esbozada, como sucedería con cualquier manifestacion cultural surgida de una identidad compleja. Por el contrario, el resultado de esa escuela salsera es -destacando la conservación del virtuosismo musical, aunque a veces desprovisto de técnica- aquello que podría acabar con una tradición salsera impecable, que es la denominada salsa 'sensual' (¿?), cuyos representantes más importantes son cantantes -pocas veces compositores- producto de padrinazgos y esfuerzos comerciales en donde los mercados permiten recepcionarlos adecuadamente -por ejemplo Victor Manuelle o Eddie Santiago, tal vez refernetes de esta época-. Esta observación se podría refutar sencillamente al anotar el sentido de la música popular, y concretamente, de que los ritmos afrolatinocaribeñoamericanos respondían proimordialmente al baile y al flirteo. Claro que ese es solo uno de sus aspectos, pero sin duda el predominante.
Al parecer esta consideración estaba fuera del alcance de mi amigo murDoK, que en horas posteriores a nuestra conversa, mientras ibamos a revelar las fotos de Edwin, pudo apreciar el devenir de los subgéneros salseros mientras manejaba. Luego me contaría que mucha de la salsa que había escuchado en estos últimos años, e incluso la recepción de la tradición salsera que tenía habían sido compartidos e influenciados por unos amigos colombianos y venezolanos. Con ello, las cosas se asomarían más claras.
Hector Lavoe obedecería a aquello que es más bien amado por el espíritu occidental-sudaca: el culto de la imágen y la mitificación por medio de la muerte. Escuchando las canciones de Lavoe uno puede apreciar que su dedicación para componer la música y para trabajarla con sus músicos es muy importante: sus canciones estan llenas de arpegios complejos y de superposiciones que, pese a interpretarse a través de menor cantidad de instrumentos, tienen la capacidad de instaurar sonidos más cargados y complejos, centrando su ejecución no solo en los vientos, sino que, al haberse rodeado de varios músicos brillantes desde fines de los setenta, garantizaban una imaginería deslumbrante sin la pompa de una latin big band, y además de ello retomarían una vena musical propia de la salsa clásica -y los grandes soneros-, que es la posición central de la percusión, relegada simplemente a llevar el ritmo en otros.
Las letras de Lavoe, sin embargo, no difieren demasiado de los tópicos salseros. Pese a ello, hay un elemento distintivo en Lavoe, que estaría relacionado a la necesidad de contar a través de sus letras, concretamente, de dejar testimonio de la condición vital en cada actividad cotidiana, y sobre todo la clara necesidad de una exterioridad que juzga, se agita, se reune, violenta y aprovecha del otro, que no esconde nada de su humanidad detrás de lo oficial.
Claro que de Lavoe se aprovecharon mucho incluso cuando ya se hallaba destrozado, pero su ritmo de vida y las angustias padecidas lo desposeyeron hasta que terminó sus dias como es conocido. El culto a la imágen, devenido del Hector que se convirtió en lo que sus letras advertían, hace que la línea entre el sentido de sus letras y su vida se vuelva demasiado facil de franquear.
La conversación se disipó gastando lo que quedaba de pelicula en tomarnos una foto en mancha. Luego hicimos algunas visitas por lo de las fotos, oyendo salsa. Horas después, mUrDoK y LuDo se fueron a casa. Quedamos en hacer algo, pero los finales todavía no acababan. Incluso cuando MurDOk se fue no hicimos nada. Quark se matriculo en unas clases de fotoshop ante la inesperada partida de su fotógrafo. Ludo tuvo más tiempo para ver peliculas Yo, terminados los finales, me quedé escuchando varias veces aquella canción que Blades le compuso exclusivamente a Lavoe para que interpretara.

sábado, julio 23, 2005

Manifiesto Neo-decadentista

Como podrán leer todos los que visiten este humilde blog, uno de mis más anhelados sueños de la infancia ha sido publicar narrativa por entregas. Para cumplir con ese anhelo he retirado el borrador apresurado que escribí en casa de Benjamin Quark, y he avanzado algunas entregas de esta novelita de folletín que espero les agrade. Claro que de folletín solo tiene las metamorfosis ideologicas de uno de sus protagonistas y su inesperada conversión a la crítica literaria, luego de abandonar la religión ineludible -en sus palabras, como verán- de la poesía erótica (ajjj).
Como diría Benjamin, este curioso personaje también quería 'llegar al zen'. ¿Lo habrá Logrado? Visite nuestro blog la próxima semana, luego -claro está- de que sea aclarado en otro post lo que según Benjamin significa 'llegar al Zen'.