Como parte de una necesaria iniciativa de promoción cultural iniciada por la Biblioteca Nacional y dirigida por Javier Arévalo, se realizó el pasado lunes, de manera simultanea, la visita de cien escritores peruanos a cien colegios en diferentes puntos de Lima, coincidiendo intencionalmente con el Día del Idioma. La iniciativa tuvo por finalidad llamar la atención sobre los diversos aspectos que alejan de la lectura a niños y jóvenes en edad escolar, y recordar el papel activo que padres y profesores deben cumplir para formar el hábito de la lectura desde edades tempranas.Apoyando esta inciativa, estuve en el colegio José María Arguedas de San Juan de Miraflores, donde fui bien recibido por los estudiantes, profesores y padres de familia. Si bien se trataba de un público diverso, mi intención fue centrar la función de la literatura, del relato y del texto dentro de las actividades que cada uno desarrolla con frecuencia, demostrando sus vínculos con lo cotidiano a través de la capacidad de imaginar. Al menos para mí, la tarea era precisa: buscar de a pocos, entre los queheceres comunes, un espacio fijo para la lectura.
La experiencia resultó gratificante porque tuve conciencia de la especial imagen del escritor que tienen no solo los niños, sino también los padres, e incluso algunos profesores; que me comentaron no esperar a un joven de mi edad. También me sirvio especialmente para tener una mejor idea de las expectativas que tiene la gente de los agentes culturales, y de su necesidad y voluntad de saber pese a un sistema que privilegia la ilusión del saber a través de una tecnología y un cambio cultural no comprendidos.
Lo positivo de esta labor es que no concluye con la visita, sino que implica recoger la reacción de los niños y adolescentes en crónicas que relatarán sus impresiones. Al menos se ha salido de la absurda conmemoración del día del idioma mediante el uso de un icono -de dificil comprensión- que explicado descuidadamente puede distanciar antes que acercar a la lectura.






