martes, setiembre 11, 2007

Séptima Madrugada de Claudia Ulloa

Coloco aquí el texto que leí en la presentación de Séptima Madrugada de Claudia Ulloa Donoso. Es el segundo libro que Claudia publica con Estruendomudo, y la segunda vez que tengo el honor de editarla.


Estimados amigos:

Es un honor para mí presentar Séptima Madrugada, el segundo libro de Claudia Ulloa Donoso. Más allá de mi compromiso como editor, quisiera aclarar algunas claves que este libro propone, que pueden hacernos compartir mejor su lectura.

Siempre es bueno aprovechar las señales. Claudia nos ha dado varias y sería ocioso señalarlas por varias razones: la primera es que ha publicado antes, y la segunda es que en este libro se busca jugar a la escritura desde un lugar imaginado, desde el alter-ego de ‘Madrugada’. Pero me refiero a las señales por insinuar una clave de lectura. Séptima madrugada es un libro compuesto por un conjunto de textos distintos entre sí, todos ellos concentrados en hechos, objetos o aventuras donde no es tan importante atender a la historia, sino a una observación que va hasta donde el lector no atiende.

Séptima madrugada está escrito a la manera de un diario y procede del cuasi diario virtual de ‘Madrugada’, conocido por muchos de ustedes por el blog que Claudia mantiene gracias a un insomnio que no tiene nada de literario, y a una voluntad de liberar lo que la imaginación propone y la realidad puede contener. Es importante relacionar el espacio del blog con el tipo de literatura que se produce en este libro porque, más allá de una vana preocupación por las formas, Séptima Madrugada está escrito para contar un tipo de impresión y sensación que inevitablemente se aproxima a lo que ahora se llama chic-lit o literatura femenina de corte autobiográfico, donde la identidad literaria y la de los protagonistas se confunden peligrosamente en una pretendida búsqueda de celebridad. Me fijo en ello porque creo que no hay que engañarnos. Si bien Claudia Ulloa habla desde la soledad o autoexclusión, y las voces de su escritura hablan desde una clave donde la depresión es la excusa perfecta para desteñir una realidad hecha a colores, hay que considerar también que se trata de un conjunto de textos que han sido organizados para señalarnos un camino, y ese camino no solo ni el de la metaliteratura ni el de las rarezas, sino el de los reencuentros de una identidad hecha pedazos que se repara después de decir sus palabras.

Para quienes conocen el primer libro de Claudia, una buena pista de lo que hay en este son los fragmentos en cursivas del libro anterior. En esos fragmentos encontrábamos algunas claves de lectura de los cuentos sucesivos: se trataba de fragmentos donde quedaba en evidencia una especie de lógica o método de esas múltiples identidades que nacían con sus narradores.

En este libro la apuesta es toda sobre esos fragmentos donde se cuestiona la literatura misma, la identidad femenina, y el lugar en el mundo que cada uno ocupa. Esa actitud que en nuestra tradición literaria es de tono solemne o depresivo, Claudia Ulloa la desarrolla con un humor que no deja de ser deconstructivo, en El pez que aprendió a caminar (Estruendomudo, 2006). Pienso en el cuento Actor, donde una mujer que engaña a su esposo con un médico no se da cuenta de que ambos se mandan mensajes escritos con plumón en su espalda. Si bien en Séptima madrugada hay algo de esa ironía, ya no se ha repetido con la misma intensidad por el hecho de que los hilos conductores son más puntuales. Aún así, hay instantes donde los personajes se ríen de sí mismos después de reflexionar sobre el pasado, como el que comenta la indignación de la protagonista que se cortaba las venas luego de ver el video de “Here with me” de Dido, donde, pese a la letra depresiva, la cantante aparece sonriendo.

Tal vez esa pérdida se deba a que ahora Claudia Ulloa nos habla un poco más de Lima, y como Lima es corrosiva y depresiva, se justifica, sobre todo en estas épocas. La segunda parte del libro, llamada Las rutas del desencuentro: Lima (y el resto del mundo) nos presenta una serie de miradas que se centran en la apropiación de una identidad después de recorrer la ciudad, con lo que la protagonista se va impregnando de los climas y ánimos que entran en contacto con ella. Pensemos en su relación con lo arquitectónico de la ciudad en textos como City Tour, un texto en el que cada construcción produce un giro de las emociones. No se si es pretendido, pero el juego literario de integrar el cuerpo con la monumentalidad es un ejercicio literario de larga data en la literatura occidental.

Los capítulos que conforman Séptima Madrugada pueden ser leídos como un proceso de reconstrucción de la identidad de su narradora-protagonista-blogger. Ese proceso se resuelve en el abandono de la reflexión, cuando ‘Madrugada’ sale hacia el mundo a resolver sus afectos: a partir de allí el espacio de los amigos, la familia y el padre pueden producir heridas o soluciones, pero son el anuncio de que se sigue, se continúa, solo que, ahora, con una identidad modificada.

No me puedo dejar de referir a la escritura de Claudia Ulloa sin salir del género. Aunque creo que ella puede sola, sacarla de la Chic-Lit es tan necesario como introducir nuevas narradoras en la reducida lista de nombres que se proclama representativa. Contra lo que afirman artículos de periódico y antologías de literatura femenina o literatura peruana reciente, vemos que el tópico que hablaba hasta hace poco de una reducida producción de narrativa escrita por mujeres es incierto. Aparte, considero que lo que hace Claudia Ulloa con este libro es establecer los cimientos de una obra que también deberá reconstruirse para permanecer, para mantener a sus lectores, para seguir su ruta.

1 comentario:

Shirley Jamilett dijo...

Sin lugar a dudas, Séptima madrugada, es un libro muy bueno, real y sentimental. Me gusto muchisimo el libro, en cada cuento, en cada poesia; sentia que me reflejaba.
Es fantastico este libro! Se los recomiendo!
Shirley J.