sábado, abril 28, 2007

Adios José Watanabe

De manera sorpresiva e inesperada ha desaparecido José Watanabe, a los 61 años. Autor de siete libros de poesía que contaban ya con el reconocimiento general que toda buena obra merece, Watanabe representó para la poesía peruana la posibilidad de otros mecanismos de escritura y la llegada de un estilo particular de crear poesía en un periodo en que las posibilidades estaban sobre todo en importar modelos. Tendiente al libro acumulativo, donde se registran poemas que pertenecen siempre a un ciclo de escritura, la mirada de Watanabe se fue constituyendo como un lugar obligado y revelador para sus contemporáneos: allí se produjo una sensibilidad atenta al espacio natural, una estética pictórica y una tendencia a abundar y desentrañar los espacios mínimos, los temas agotados, las experiencias adversas.
Nacido en una generación donde todos los autores han derivado siempre en ejercicio de autobombo, Watanabe fue una presencia silenciosa y constante, tanto si pensamos en su personalidad característica, como si hablamos de su poesía. Es lamentable la partida de un autor que siempre buscó estar detrás de sus libros y no sobre ellos; de un autor que, además, recién empezaba a gozar de un merecido reconocimiento más allá de nuestras fronteras. Como se sabe, Watanabe estuvo dedicado a muchas actividades extra literarias. Interesado siempre en muchos problemas de la cultura peruana, su interés en decir sobre lo peruano está plasmado en su trabajo como guionista y en las respuestas que brindó en entrevistas. Su poesía no estuvo ajena a ese esfuerzo. Siempre buscando un punto común con el lector, Watanabe hizo una poesía que volvía visible el deslumbramiento personal ante los misterios esenciales de la vida común, un lenguaje que marca e impacta por su capacidad de decir en un lenguaje que también se interpela y se capta con las emociones. Una pena. Mejor leerlo. Siempre.

3 comentarios:

Jack Farfán Cedrón dijo...

Felicitaciones por el premio PUCP!!

Jack Farfán Cedrón dijo...

En 2001 conocí a Álvaro en el festival de poesía que hace el buen Alberto Benavides aquí en Cajamarca; nos tomamos unos whiskyes y recitamos a Moro, en lo alejado del césped y los árboles. Álvaro tenía 19, yo 27; en 2002 me llegó un mail de Álvaro para la antología del primer Novissima Verba y le envié algunos poemas. Aún conservo la plaquette, ya con las grapas oxidadas. Las plaquettes son criaderos de grandes sueños. Espero encontrarlos en el NV de este año. Muchos ya con sus anhelos cumplidos; otros recién despegando. Me pareció excelente el poema de tu otro blog, un lenguaje pulcro y bien cuidado, al grano y tenuemente filosófico. Un abrazo.

Marco Tulio Capica dijo...

Sí Watanabe era un lugar y también la manera de estar en él.